lunes, 17 de septiembre de 2012

Reto otoñal, las zapatillas vengativas


Las piernas quieren ir más deprisa de lo que aguantan mis pulmones. Me he dejado demasiado durante el verano. Con la excusa del calor, de las altas temperaturas, he abandonado las zapatillas, les he sido infiel con el deporte a través de la tele y aunque he disfrutado con los Juegos Olímpicos y, sobre todo, con Contador, Valverde y Purito, no es lo mismo; ahora cuesta, está costando mucho… eso, o el Ayuntamiento ha hecho obras y ha ampliado los kilómetros de parque que siguen el curso de los ríos. Va a ser lo primero, ¿verdad?

Por estas fechas, hace aproximadamente un año, empecé a dar la chapa desde las páginas de esta blog -¿los blogs tienen páginas?- con el maratón de San Sebastián. Estaba lanzado, tanto que cuando llegó el día sentía que volaba sobre el asfalto donostiarra. Tan real era la sensación que al final tropecé con el bordillo del carril bus y aterricé en el suelo, antes de tiempo, como un avión de Ryanair, antes de cruzar la meta. Dos meses de ‘chapas’ por escrito para nada y sobre todo, muchos días de salir a correr sin la recompensa de cruzar la línea de llegada con la sonrisa de felicidad que se nos pone cada vez que logramos completar los 42,195 kilómetros.

Antes que atribuir las malas sensaciones al avance de la edad quiero pensar que la culpa es del verano; no de éste sino del anterior. El del año pasado casi no fue verano. Recuerdo haber salido a correr en pleno agosto y eso ayuda al ponerte el reto otoñal. Sin demasiados parones cuesta menos y las piernas y los pulmones se asocian, sin exigencias incumplibles de unas hacia los otros.

Ahora tras completar la segunda semana de plan de entrenamiento parece que la cosa mejora un poquito, aunque hacía tiempo que no subía andando la última cuesta de la calle Sagasta antes de llegar a casa. He sufrido cada día que me he puesto las zapatillas; creo que es su venganza por el prolongado abandono. Si ya lo dicen, las amistades hay que cuidarlas… y San Sebastián es el 25 de noviembre. Aún falta.

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domingo, 24 de junio de 2012

Las comidas de mamá. Rómulo, Remo, Armstrong y la ensaladilla


Hay una noticia que me ha dejado un tanto intranquilo. Me pueden llamar irresponsable o dejado, pero no tiene que ver con primas peligrosas ni con productos tóxicos –bancarios me refiero. Está relacionada con la Educación y no es la primera vez que sucede algo parecido. No hablo de recortes en el presupuesto, sino de contenidos; más concretamente de los exámenes ya realizados años atrás y que fueron aprobados por algunos y suspendidos por otros.


‘La loba capitalina’ –Roma amamantando a Rómulo y Remo- no es de la fecha que nos enseñaron al estudiar Historia del Arte; está datada, según un reciente estudio, entre los siglos XI y XII y, por lo tanto, no es etrusca. Así que quizá hubo quien aprobó equivocándose. Anda que no estaría divertido una avalancha de reclamaciones...


Tampoco sería algo extraño. Siete años después de su último triunfo en el Tour de Francia y trece del primero están investigando si Lance Armstrong hizo trampas. No es el ciclista americano sea de los que más simpatía me provocan, pero no tengo claro si tiene sentido actuar con tanto retraso.


Por un momento me he imaginado a miles de estudiantes exigiendo la revisión de sus exámenes de Arte. Los que ‘pencaron’ con un cuatro solicitando su aprobado o los que se quedaron a un punto del sobresaliente rascando ese puntito y, por supuesto, los que acertaron fallando y dijeron que la imagen que representa la fundación de Roma era etrusca guardando silencio y mirando a otro lado, como cuando evitábamos la mirada del profe al iniciarse una ronda de preguntas.


Y después pueden seguir sus pasos quienes contestaron correctamente todo el listado de planetas y quienes se dejaron Plutón y… resulta que acertaron. O los que pusieron en tela de juicio con sus respuestas la teoría de la relatividad y… 1X2 y todo en menos de un año.


Mientras investigan a Armstrong y resitúan la historia del Arte, España avanza a semifinales y la afición envía un mensaje a los franceses: ‘No nos hace falta dopaje; simplemente un buen potaje’.


Pues ahí va la receta de mamá de esta semana.




Ensaladilla
Ingredientes: Guisantes, zanahoria, alubia verde, patata, habas, huevo, bonito, pepinillo y aceitunas.
Se cuecen los guisantes, la zanahoria, alubia verde, las habas, las patatas y el huevo.
Una vez cocido el huevo se retira la clara, que se utilizará al final para adornar la ensaladilla.
Se mezclan los guisantes, zanahoria, alubia verde, patatas, habas, la yema de huevo, el pepinillo, las aceitunas y el bonito y se añade mayonesa.
Para decorar se ralla la clara de huevo por encima y se añaden unas tiras de pimiento.


(También en Magazine de Cultura, Ocio y Deporte SPOONFUL (www.spoonful.es)

martes, 19 de junio de 2012

Las comidas de mamá. Revuelto de Verduras y la San Juan


En estos días en los que compiten los vinos de las denominaciones de Origen en una batalla sin cuartel; en los que la imaginación de los mejores o -por lo menos- más afamados chefs marida todo con todo lo demás y los combinados se ponen de moda y pasan al olvido con la misma velocidad con la que pasamos de la euforia al derrotismo con La Roja; hoy somos fanáticos del gintonic y mañana el vodka  es nuestra copa más cool, la calle San Juan de Logroño celebra sus fiestas.


Así que tenemos una nueva excusa para darnos una vuelta y saborear unos pinchos y unos ‘riojas’ en el corazón de la ciudad. La ‘San Juan’ siempre ha estado de moda entre los logroñeses, pero desde hace un tiempo al serpenteo entre Marqués de Vallejo y Muro del Carmen se han sumado también un buen número de turistas que la han ido descubriendo. En la ‘San Juan’ puedes encontrar de todo, puedes sorprenderte con una tapa elaborada y también encontrar el clásico pincho de tortilla. La ‘San Juan’ es como una gran carta de restaurante que ofrece todo lo que puedas imaginar.


En más de una ocasión, con la nevera con telarañas, la ‘San Juan’ ha sido mi mejor despensa. Una selección de pinchos, una jugosa tortilla de patata, zapatillas de jamón, unos rotos o incluso champis han ejercido de primer y segundo plato.


Lo que aún no he encontrado por la ‘San Juan’ es el revuelto de verduras del que disfruté el sábado pasado –sencillo de preparar, les animo a incluirlo en la carta. Éxito seguro.




Revuelto de verduras:


Se corta en juliana pimiento rojo, verde y amarillo; cebolla y puerro.
Se pocha por separado. Por un lado, el pimiento verde y le rojo; por otro, el amarillo, que es más blando. En una tercera ronda, se pocha la cebolla y el puerro.
Se mezclan todos los ingredientes y se añade aceite y sal.


Muy fácil.

jueves, 14 de junio de 2012

La reina pop y las cosas importantes




Tengo dudas. No tengo claro si la proyección de la imagen la reina de Inglaterra sobre el Peñón de Gibraltar está relacionada con el arte pop –es innegable el parecido entre la monarca y Andy Wharhol, el verdadero rey del pop- o directamente con una muestra de pintura rupestre fechada durante la última glaciación. Que nadie se mosquee… la relación viene de la utilización de la roca como lienzo…


El caso es que Isabel está celebrando a lo grande sus 60 años de reinado y cerró la fiesta en Gibraltar el otro día. Los gibraltareños se sienten absolutamente británicos y no dudan en expresarlo en un perfecto castellano a cuantos reporteros se lo preguntan. “¡Quillo! Yo soy inglés y quiero seguir siéndolo! !Pobre Shakespeare!


La celebración de Isabel se ha denominado Jubileo de Diamante. No podía ser menos tratándose de toda una reina. No tengo muy claro cómo les está afectando la crisis a los ingleses. No hay noticias de ellos. Pero al menos a los irlandeses no les ha ido muy bien y creo que Isabel también los reina. Así que eso de las fiestas con diamantes no les tiene que haber sentado demasiado bien.


Mientras el mundo se derrumba, Isabel se pone pop o rupestre, sigo con la duda. Mientras tanto, en algunos lugares del planeta hay gente que se ocupa de lo importante. Empresas que invierten en investigación y resuelven problemas a otras empresas; lo juro, lo vi en uno de los programas de Jordi Évole en ‘Salvados’ o en los informativos de La Primera, “un niño granadino supera una enfermedad gracias al trasplante de células de su hermana”. Pasado y futuro; las cosas importantes.


También en Spoonful Magazine de Cultura, Ocio y Deporte www.spoonful.es (opinión)


http://www.spoonful.es/opinion/la-reina-pop-y-las-cosas-importantes_20120614194637.html

jueves, 7 de junio de 2012

Standard & Poors homenajea a Ray Bradbury


Dentro de 4.000 años nuestra galaxia, la Vía Láctea, colisionará con Andrómeda.  Lo dicen los científicos de la Nasa; ellos sí que trabajan con antelación. Eso es meter horas para predecir el futuro y no lo de los listillos de las agencias de calificación; aunque me cuesta creer que no conocieran los datos que anunciaban la catástrofe, simplemente no les interesó advertirnos de la colisión financiera entre la realidad y la vida loca; más loca de unos que de otros.

Aún en pleno siglo XXI, las palabras galaxia y Andrómeda siguen trasladando a historias de ciencia ficción.

La muerte de Ray Bradbury me ha recordado a Julio Verne. Al viaje al centro de la tierra,  a las 20.000 leguas de viaje submarino o el más asombroso viaje a la luna. Cuando lo leía, el hombre –Amstrong, Aldrin y Collins- ya había hecho realidad las páginas del escritor. ¿Sigue siendo ciencia ficción? No estoy seguro.

En esto de la ciencia ficción –o más o menos ciencia ficción- de Verne me adentré en Poe y después, ya mucho tiempo después, en H. P. Lovercraf y ‘Los mitos de Cthulu’ y todo aquel lío de los colores, investigadores y adoradores de extraños seres.

Las crónicas marcianas de Ray Bradbury fueron el siguiente capítulo y uno de los mejores. Tengo que reconocer que ‘Con ‘Fharenheit 451’ tomé un atajo. Vi la peli antes de leer el libro.

Las noticias dicen hoy que la banca española necesita 40.000 euros según el FMI, que se transformar en 119.000 según Standard & Poors, una de aquellas agencias de calificación que hace unos años fue incapaz de predecir la crisis financiera. Me gusta la ciencia ficción  y tengo que reconocer que con el homenaje a Ray, tras su fallecimiento, los chicos y chicas ‘standards&poors’ lo han clavado. 

PD: 451 grados Fharenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel … ¿el de los informes de Standard & Poors también?

domingo, 20 de mayo de 2012

House tenía razón. "Todo el mundo miente"



El doctor Gregory House tiene razón; no se fía de nadie y hace bien. El médico del hospital Princeton Plainsboro no alberga duda alguna cuando un paciente llega hasta sus manos aquejado de alguna extraña y exótica dolencia; sabe que algo esconde, ya seab causas o síntomas. “Todo el mundo miente –dice-, tan sólo hay que descubrir sobre qué o por qué”.

La lectura de la prensa en las últimas semanas ha provocado que me acordara constantemente del irónico y brillante doctor. Lo recuerdo –no sé si continúan echando la serie en la tele- caminando apoyado en su bastón –casi corriendo- por los pasillos del hospital de New Jersey. Veo a House disculpándose –a su manera- por su carácter con algún familiar de uno de sus casos: “¿Preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora?; o poniendo en duda algunas poses sociales: “Si hablas con Dios eres religioso; si Dios habla contigo eres psicótico”; mientras trata de averiguar cuál es la mentira que oculta el caso al que se enfrenta. Sherlock Holmes de bata verde y cortisona.

Enredado con la prensa, ayer  leí un artículo de Coloma Fernández Armero en el que aseguraba que “para que tengan éxito supuestas conspiraciones o montajes a gran escala se necesita un altísimo grado de unión y compromiso entre los participantes, algo que por sí mismo ya suscita un alto interés de análisis”. Mentiras de diseño.


'Aquí los verdugos, aquí las víctimas' (El Roto)

Y por asociación de ideas pasé de las sospechas del televisivo doctor a las hipotecas suprime; las agencias de calificación; Enron, los embustes continuados sobre sus cuentas del Gobierno griego que toda la UE conocía; a los que aseguraban que no había crisis; a los que aseguraban que la banca española presentaba una muy buena salud, aunque sabían que no era así; los gobiernos, este y aquel; los partidos sin ideas; los economistas, incapaces de acertar (no dan ni una); y los financieros y banqueros; por raciones obvias. 

En las mismas páginas de los periódicos la gente sigue pasándolo mal. 

('Todos somos Dimitri')
Pues eso, todo el mundo miente. House tenía razón: “Nunca es lupus”.


Navajas de Papel se puede consultar en:
 Spoonful.es Magazine de Cultura, Ocio y Deporte. http://www.spoonful.es/

viernes, 11 de mayo de 2012

He conocido al hombre del mazo


He conocido al hombre del mazo. No es que sea un fuera de serie –mis tiempo dicen más bien lo contrario-, pero hasta la fecha en los maratones que había corrido siempre había terminado cansado, muy cansado, pero entero, sin dolores ni sensación de abatimiento. Supongo que también beneficiado por el respeto que me provoca el correr 42,195 kilómetros y los planteamientos más bien conservadores de las carreras.

El domingo pasado, en Vitoria, conocí a ese hombrecillo cuya única referencia eran las veces que lo citaba Perico Delgado durante la retransmisión de alguna prueba ciclista, al observar cómo algún corredor perdía contacto con los primeros, a lo largo de la ascensión a alguno de los colosos pirenaicos.

Ahora ya puedo decir que el hombre del mazo es un tipo sin piedad. Si fuera una peli del oeste sería el malo en ‘El bueno, el feo y el malo’; si fuera una de polis, sin duda ‘Harry el Sucio’. En el fondo es cómo uno de aquellos personajes de Clint Eastwood, que esperaba sentado, tranquilo, fumando un pitillo, con el sombrero calado hasta las cejas, con los brazos camuflados bajo el poncho, con la mirada aparentemente perdida, pero que en el momento en que la víctima estaba lo suficientemente cerca… ¡BUMM! ¡Mazazo!

El hombre del mazo tiene la peculiaridad de explicarte además porque ha decidido esperarte a la vuelta de cada curva. Lo hace con ironía. “¡Hola! Soy el hombre del mazo ¿Por qué has corrido a un ritmo más rápido del que puedes los primeros 25 kilómetros si sabes, porque lo sabes, que yo siempre estoy merodeando por los alrededores?”.

Miras a uno y otro lado, quieres constatar que los corredores que te rodean también han oído la amenaza velada. Nada, cada uno tiene su propia voz interior que le habla y con la trata de entenderse para llegar hasta la meta. 

Yo sé que el hombre del mazo lleva razón; que me he crecido –aún sabiendo que no debía hacerlo- en los primeros kilómetros, pero ¿Cómo te aguantas, cuando te encuentras bien, ante un inicio en ligera cuesta abajo? Error, error, error.

Trato de vencer la sensación de hundimiento. He llegado hasta el kilómetro treinta. El hombre del mazo continúa acompañándome. Lo veo apoyado en una señal de tráfico; sentado en el bordillo de un acera e incluso repartiendo agua en uno de los habituallamientos ¿se puede ser más hipócrita? Engullo los geles, como trocitos de plátano y naranja y bebo agua y bebida isotónica. El hombre del mazo se ríe: “Eso lo haces siempre cuando corres un maratón, Tu problema ha sido querer ir más deprisa de lo que puedes y lo sabes”. No me va a dejar en paz.

El hombre del mazo dice que me va a presentar a dos amigos suyos. Mientras sigo corriendo –he bajado el ritmo, con respecto a los primeros 25 kilomentros, en más de un minuto por km- junto a mi aparecen los típicos ángel y demonio. El Ángel me anima a que siga sufriendo. Me dice que ya queda menos y que apriete los dientes. El demonio me sugiere que me retire, que lo deje. “A dónde vas con la cara desencajada y con dolores desde los dedos a la cadera”, me dice. Pienso que no está bien que debería ser al revés, que tienen los papeles cambiados.

También me acuerdo de la frase de Murakami. “Cuando corres un maratón el dolor es inevitable; el sufrimiento lo eliges tu”. El caso es que entre mazazos, frases lapidarias, angelitos y demonios me he plantado en el kilómetro 35. Se que aún me quedan cinco de subida, pero que los dos últimos son llanos. Calculo que me resta más o menos la distancia que separa mi casa de las pasarelas de madera del parque del Iregua y eso lo he recorrido mil veces. Eso me anima.

El hombre del mazo lleva un rato sin atosigarme. He recuperado algo de energía; seguro que ha encontrado alguna otra víctima a la que torturar por el recorrido.

Al entrar en la zona vallada del último kilómetro siento que una desconocida reserva de energía me permite recorrer los últimos metros con cierto orgullo y elegancia, sin arrastrarme. 

Objetivo conseguido. Otra ciudad conquistada. Aunque ahora ya sé que hay un tipo sin piedad merodeando. Incluso siento que me observa escondido desde algún lugar próximo a la meta: "¿Has aprendido la lección?". El dolor y el cansancio se transforman en euforia.

Cuando Perico vuelva a mencionarlo -al hombre del mazo-, ya no me hará tanta gracia.